Una Carta de desahogo emocional

Actualizado: 13 oct 2020



A inicios del 2020 conocí una sensación que nunca antes había experimentado: una presión en el pecho que hincha mi corazón con la sensación de que algo no se encuentra bien. Constantemente le expresaba a mis personas allegadas “no estoy bien”, “algo no se encuentra bien dentro de mí”, lo que sumaba una sensación de frustración porque no tenía motivos para sentirme mal, buscaba en todas las carpetas de mi disco duro mental y nada podía encontrar a ese virus que me hacía sentir así y que no podía ver.

Duré tres meses con la sensación, había noches difíciles y otras que solo tenían la sensación perenne, pero que era sostenible. Me sumergí más en la sensación porque decir todo el tiempo “no estoy bien” hace que las personas se agoten de esa emocionalidad o bueno, es lo que la experiencia me lo ha querido decir, varias personas a lo largo de mi vida me han expresado “es que tu tristeza me absorbe” y acto seguido se alejan. Inciso: toda mi vida he sido bastante emocional y antes no tenía las herramientas para trabajarla y convivir con ella; ya hoy en día la reconozco y me he reconciliado con toda esa agua, por eso el experimentar esta sensación me remueve esos demonios del pasado… porque aunque sé que no es lo mismo igual el miedo persiste.

Como sabía que algo no se encontraba bien en mí empecé a estar atenta a lo que estaba experimentando en lo externo, desde mi familia, pareja, amigos, trabajo, interacciones sociales, y comida. En esa época estaba yendo muchísimo al cine porque venía la temporada de premios y estábamos poniéndonos al día con las películas. Un día el insight llegó: siempre que salía del cine la sensación empeoraba y una vocecita, muy dentro de mí, me dijo “es el refresco”. Me acordé que una de mis bloggers de cabecera comentó una vez que el dulce le incrementaba la ansiedad, clínicamente comprobado. Yo toda mi infancia/adolescencia tomé demasiada Coca Cola, era adicta a niveles extremos, pero por temas de salud y de querer cuidarme más la dejé a un lado y solo la tomaba cuando iba al cine o en ocasiones que lo ameritaban. Mi cuerpo se había desacostumbrado al refresco y el tomarme, años después, nuevamente 3 vasos de refresco grandes de cine por semana no me estaban haciendo nada bien y lo empecé a reflejar en ataques de lo que yo llamaba “ansiedad”. Una vez que volví a dejar a un lado el refresco, la sensación empezó a disminuir hasta que finalmente sentí que dentro de mí las cosas volvían a encajar: el virus había desaparecido.

Llegó el Coronavirus, Un virus de verdad, movió la rutina por completo por lo que nuestros hábitos empezaron a cambiar y el cuerpo se tuvo que adaptar a un nuevo estilo de vida y eso siempre nos coloca en estado de shock. Por alguna extraña razón yo me he sentido cómoda en la cuarentena (Sol en la 12, por supuesto), me enfoqué en mis proyectos personales, mi trabajo, mis relaciones personales, en mi misma y por primera vez me pude encubar de todo lo que implica las interacciones sociales porque soy una persona que se carga demasiado con la energía de lo externo, hasta el punto que me agoto psíquicamente, pero me cuesta un mundo decir que no y esta era la excusa perfecta.

Llegó otra preocupación a nivel familiar que sabía me iba a desencajar. Tomé acción sobre eso y busqué las soluciones, pero una parte de mí se sentía preocupada: esta situación me debería tener súper triste y con ganas de llorar, pero no sentía nada similar y empecé a sentir miedo porque pensé que me había bloqueado a nivel emocional y para mí eso es mega peligroso porque se reflejaría en mi salud. La situación familiar pudo estabilizarse y mis proyectos estaban fluyendo super bien, pero algo dentro de mí insistía que seguía bloqueada emocionalmente y eso no me dejaba estar tranquila. Hasta que un día el insight volvió a llegar: lo que sentía era felicidad porque todo estaba fluyendo hasta lo que no estaba tan bien en mi vida, y como siempre había conocido la tristeza, se había vuelto mi zona cómoda, no sabía lo que era estar feliz. Fue un choque muy fuerte de aceptación porque entendí que la emoción contempla algo más que la tristeza y lo percibí como un logro por todo lo que he trabajado para conciliar la calma emocional.

Comenzó la tercera última parte del año, y así como comencé la primera parte lo estoy volviendo a experimentar la sensación en el corazón a la que decidí llamar ansiedad, mi virus personal. Esta vez no es el refresco porque no lo estoy tomando y tampoco el dulce porque yo no soy tan dulcera. Y he vuelto a sentir esa sensación de incertidumbre con mi emocionalidad -como si fuese tan sencillo poder leerla-, pero sé que la clave se encuentra en sentirla y percibir todos los aspectos de mi vida que pudiesen estar generando esta sensación. Puedo intuir de donde viene, pero para poder darle forma he decidido escribir esta carta de desahogo, para recordar la primera vez que experimento una sensación como esta y que algo me dice que tiene que ver con enfrentar la vida real -siempre me ha dado miedo tomar responsabilidad por las cosas-, una parte de mí ya se siente preparada y la otra sigue luchando.

Cuando me siento así por momentos quiero parar con mis proyectos porque cómo puedo enseñar sobre crecimiento personal a través de la astrología si yo todavía estoy enfrentando ese camino. Entonces en los pequeños momentos de claridad recuerdo que eso es lo que estoy mostrando: mi camino; cada reflexión que escribo es mi propio auto-reminder y que yo también puedo darme esos consejos. Como nos cuesta confiar en nosotros y que fácil es cuando estamos en un mal momento querer dejar a un lado todo lo que nos llena y nos motiva para continuar.

Pao, recuerda que ningún sentimiento es definitivo, como siempre lo escribes al mundo y te lo recuerdas: para poder percibir tu luz tienes que enfrentar tu oscuridad; no es un trabajo sencillo, es una tarea de valientes porque la recompensa será el descubrir nuevas posibilidades que te quedan por vivir para seguir creciendo y evolucionando.

A ti que estás leyendo esto gracias por llegar hasta acá, este fue un pequeño review emocional de mi año que decidí compartir para poder dejar plasmados mis procesos, sé que no dejé un final feliz porque en este momento estoy experimentando mi propio virus, pero por eso mismo quise expresarlo porque de esto se trata la vida: conocernos, y las emociones son parte fundamental para poder llegar a ese mundo interno que a veces nos cuesta tanto descifrar. Lo hermoso de esta vida es poder sentir, que horrible que todo sentimiento fuese lineal, la vida sin matices es como una vida en blanco y negro, sin sabor ni alma. Por eso, abracemos nuestras emociones las buenas y malas, las que nos elevan y las que nos hunden, son nuestros numeritos y en la medida que convivamos con ellas nos sentiremos más tranquilos con nosotros mismos -viste, otro reminder auto-reminder-. No estamos solos en esto, forma parte de nuestra hermosa humanidad.

Con amor desde mi Luna, Pao en la Luna

2027 visualizaciones1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo