Cambio de perspectiva, cambio de vida

Actualizado: 3 jun 2021



Si me has leído en reflexiones anteriores sabrás que he comentado que gran parte de mi vida he tenido una visión fatalista ante las cosas. Cada vez que me pasaba algo bueno, me daba miedo porque tenía la creencias de que pronto vendría lo malo porque me sentía muy cómoda en ese “mal lugar” donde las quejas siempre han estado presentes. Mi visión de ver la vida era resaltando lo negativo de ella y no realmente de ella, sino de mi vida, constantemente me enfocaba en lo que estaba mal y lo alimentaba con quejas e ideas de que yo solamente era eso: las cosas malas que me pasaban.


Un día, creo que en una clase -mi memoria es terrible-, estábamos hablando de nuestras creencias y que esas ideas que teníamos sobre las cosas se convertían en nuestra verdad porque le dábamos la fuerza para que así lo fueran. La palabra tiene poder -ya recordé, estaba en clases de Tarot y veíamos el Arcano Mayor número 1, el Mago, que nos habla del poder de la palabra, entre otras cosas-, vuelvo, la palabra tiene poder y mientras más creemos en una palabra más se vuelve nuestra verdad. Ahí me cayó la locha y lo expresé en clases “será que el creer que después de algo bueno siempre va a venir algo malo, es mi creencia, por lo tanto es mi verdad y por eso siempre hago que se cumpla”, mi profe me responde “por supuesto Paola, porque las cosas no son buenas, ni malas, simplemente son”. Esa frase quedó revoloteando por mi cabeza por mucho tiempo.


La idea de que las cosas no son buenas, ni malas, sino que son, me hicieron ver la gran posición de víctima que siempre he tenido ante la vida, estaba siempre esperando a que todo me aconteciera para así exponer la culpa fuera de mí y sumergirme en el discurso de la queja. Esta idea que acabo de expresar fue una reflexión que me llevó meses concientizar, porque como lo dije anteriormente, las quejas y el fatalismo siempre han sido mi zona cómoda.


El trabajo para cambiar de mindset no fue nada sencillo porque también estaba viviendo una etapa en mi vida que me retaba en un punto sensible, en cuanto a mis creencias sobre las relaciones, el sanar y construir una relación conmigo misma, de ahí una pista del por qué era tan fatalista. Desde ese momento he estudiado mucho sobre la sombra, la víctima y los complejos desde la perspectiva de la Psicología Analítica Profunda de Carl Jung y ha sido un constante mirar hacia dentro, verme en todos esos espacios, encararme con esa Paola que ya no le podía echar la culpa a lo que acontecía y tenía que tomar responsabilidad.


Empecé a reconocer mis quejas, ya no eran solo discurso que envolvían mi verdad, ya tenían forma y podía atajar esos pensamientos y en ese atajar se fue haciendo más sencillo el que no volvieran a aparecer. También creé un Diario, “Mi diario de Sombras”, donde expongo todos esos pensamientos fatalistas que salen por mi mente, todas esas ideas que constantemente están revoloteando por mi cabecita, pero que se estaban amalgamando en los espacios profundos de mi psique tomando poder. Al escribirlas era más sencillo releerlas y concientizar como eran mis procesos mentales y me hizo darme cuenta que yo completamente, era la que había construido esa versión de la vida.


Entendí la importancia de escribir, nunca lo había hecho porque siempre pensé que no era buena para ello, hasta que un día las palabras salieron y más nunca se quisieron quedar adentro. Dejé de pensar en la forma y empecé a enfocarme en mi sentido, en lo que quería expresar y debo decirles que ese diario ha sido mi salvación, mi gran darme cuenta, mi gran encuentro conmigo misma. Las palabras escritas ahí no son de aliento y mucho menos positivas, en él se encuentra toda esa oscuridad que habita dentro de mí porque todos tenemos esa oscuridad, forma parte de nosotros y nuestra eterna tensión de opuestos entre los aspectos luminosos y sombríos, y solo en el darle forma a esa oscuridad y darle su espacio para expresarse pude ir reconociendo su luz, pude separar y comprenderla como parte de mí, no como algo que define mi vida, sino como algo que me enseña donde se encuentra de verdad mi vida.


Gracias a ese Diario nació este proyecto donde quería compartir mis procesos y las herramientas que me han ayudado para sanarme a través de conocerme, compartir una pasión como lo es la Astrología y el gran poder que tiene para darle forma a nuestros procesos más profundos. Gracias a ese Diario pude reconocer a qué se debía ese fatalismo -también el estudiar mucho y analizarme constantemente-. Un día, en un momento que estaba disfrutando desapareció la idea de que venía algo malo, y cuando ese algo “malo” vino dejé de pensar “por qué todo me pasa a mí”, entendí que cada espacio: el que me hace sentir plena, como el que me hace sentir afligida; formaban parte de lo que yo necesitaba para poder seguir creciendo y conociéndome, con todas las emociones que eso traía y que siempre serán un reto porque implica dialogar con nuestra incomodidad.


Y todo eso me lleva a hoy, o mejor dicho a este año. Este año ha sido la gran prueba para trabajar con el discurso de la queja, me tocó la cuarentena en un espacio donde convivo todos los días con ideas, reglas y formas de ver la vida completamente antagónicas a mí, y por supuesto, como es opuesto a mí me hace excesivamente ruido. Todo lo que implica eso me molesta, como si fuese un zancudo rondando por mi oreja 24/7, hay días donde la amargura me somete, otros donde la sensación de encierro me supera, otros donde me quedo sin energías, otros donde me resigno, pero lo que ha llevado consigo todos esos días han sido las quejas. A tal nivel que me separé de mi Diario, me ha costado escribir, pero lo sé, sé que he estado enfocada en la posición de víctima, en esa zona cómoda que todavía necesita trabajo por hacer.


Entre mucho análisis, estudio y volver a mi diario entendí que en este espacio incómodo, es donde he podido ser más fértil en cuanto a mis creaciones. Como convivo con ideas con las que no comulgo, más busco expresar mi verdad a través de mi proyecto y que me ha ayudado un montón a enfocarme en mí y construir, de verdad, la relación conmigo misma: reconocer lo que es mío, crear mis espacios, mis momentos, desconectada del ruido externo y dialogando con mi propio ruido. Ese ha sido mi 2020, un año donde finalmente he podido verme a la cara y conocer la voz de mi alma.


Hoy la queja sigue revoloteando y es por esto que he decidido escribirlo y compartirlo, hacer este review me muestra todo el trabajo que he hecho para trabajarla y lo más importante que he podido reconocerla, no como mi verdad, sino como lo que es, una queja. Me ha hecho tomar acción para buscar vías para liberarme de ella: empecé a meditar -cosa que toda mi vida me ha costado un montón-, a hacer ejercicios de respiración, a volver a convivir con la música que es parte esencial de lo que soy, a escribir y a crear para despojarme de ella; y como lo he logrado aprender: somos un gran trabajo de vida. Lo mejor de todo es que me ha hecho volver a expresarme por este espacio, mi blog, que tenía tiempo sin compartir unas largas letras por acá.


Cuando creemos firmemente en algo tenemos que tener la fuerza para debatir esa creencia, verle sus dos caras, porque sino quedaremos sometidos a una idea que dominará nuestra vida. Solo cuando aceptamos vernos desde distintos lugares y reconocernos en cada espacio, es decir, tomar responsabilidad por todo lo que nos ha sucedido, la vida dejará de ser la culpable y se convertirá en esa casa que nos deja el espacio para la expresión. Cuando logramos cambiar el mindset de víctima todo a nuestro alrededor cambia, hasta nuestras relaciones y las personas que conviven con nosotros, porque ya dejaremos de crear situaciones que refuercen esa actitud de víctima, sino que reforzaremos situaciones que se adapten a lo que necesitamos para seguir evolucionando. La vida se convierte en ese terreno fértil donde hay espacio para todo y sobretodo para nosotros. Por eso, cuando cambiamos de perspectiva, cambiamos de vida.


Con amor desde mi Luna, Pao en la Luna


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