Las Palabras crean nuestra realidad

Ese ha sido mi aprendizaje de estos últimos días, un aprendizaje que finalmente vi en la práctica, porque ya había estudiado que la palabra era un principio creador y es uno de los pilares en la magia; y aunque conceptualmente lo sabía, no fue cuando empecé a ser consciente de mis palabras que me di cuenta de mi propia realidad.


Me acuerdo cuando era adolescente, estaba en el colegio y todas las amigas nos decíamos entre nosotras “maldita” en plan cariño, como si fuese “chama” o “amiga”, me acuerdo que nuestros padres cuando nos escuchaban hablarnos así se alarmaban y nosotros pensábamos “qué intensos”.


Lo paradójico de esto es que estudié en un colegio de monjas por lo que esta sería la palabra más negativa en decirnos para la religión de mi colegio, y bueno, así es como funciona la sombra: toda polaridad hace que automáticamente se exprese su opuesto.


Aquí desde la inocencia estábamos maldiciéndonos a cada rato, con el tiempo esa palabra se fue de nuestro vocabulario, y así también, se fueron mis amistades del colegio; pero quedó por ahí escondida, porque en un juego con mi pareja le dije en plan broma “maldito”, y el juego dejó de ser un juego porque su cara se tornó seria y me dijo molesto “no vuelvas a decir esa palabra así a la ligera y menos a mí”, yo por supuesto de forma inocente, a la ligera le dije “esa palabra no tiene el mismo peso para mí que tiene para ti”.


Fue una palabra que yo siempre tomé a la ligera, pero para otras personas era una palabra bastante fuerte. Ya esa palabra fue desapareciendo de mi mente, en momentos de profunda rabia me sale decirle así a algo que me molesta, pero cada vez es menos… hasta hoy que se las estoy contando en estas letras.


Esa palabra traía consigo otro tipo de palabras que me acompañaban, como decir “yo soy celosa”, “no soy inteligente”, “tengo mala suerte”, “conmigo las cosas son siempre más difíciles”, “soy cero flexible” y un sin fin de palabras que resaltaban mis defectos o lo que yo consideraba como defectos pero los tenía bien definido en mi personalidad y que limitaban la posibilidad de expresar el opuesto de esas palabras para ver otros aspectos de mí.


De aquí le agradezco mucho a la psicología, desde el estudio, y a mi psicóloga porque cada vez que me digo “yo soy *inserte aquí cualquier adjetivo*”, me cuestionaba mostrándome que no era así.


La escritura ha sido sanadora para precisamente descubrir las palabras que me contaba, no estaba consciente de la mayoría y descubrí un discurso bastante fatalista y negativo, tal cual cómo percibía que era mi vida. Pero no fue rechazando ese discurso fatalista que descubrí el poder de las palabras y una vida más tranquila, sino entendiendo que detrás de ellas habían heridas que sanar, porque por algo estaban en mí.


De aquí que todo lo que nos decimos tiene algo de verdad y de mentira, existen porque algo las generó, pero ese algo no era su única posibilidad, y el primer paso es siempre darnos cuenta, ver donde está la herida y comenzar ese proceso de sanación que tiene su propio tiempo y ritmos acorde a nuestra propia necesidad psíquica.


Y esto lo quiero recalcar, porque el darnos cuenta no quiere decir que las cosas cambien de un día para otra, de hecho, parte del sazón de la vida, viene de lo que experimentamos para sanar esas heridas y eso solo lo regala el tiempo.


Siempre he sido muy reservada con mi mundo privado, sobretodo lo que quería para mí, era más fácil para mí expresar lo negativo porque definir su otra polaridad la conocía solo desde las sensaciones y no tanto desde las palabras. Y gracias a que escribo he hablado más, y gracias a PAOENLALUNA he tenido que hablar mucho más, y he aprendido a no callarme tanto las cosas, sobretodo lo que me encantaría para mí en la vida.


Y así, un día empecé a darme cuenta que se empezaron a materializar palabras que había dicho, anhelos que había expresado, y no al año, sino a los días. Me sorprendí y sigo sorprendiendo, porque cómo algo que expresé a la ligera en una conversación antes de dormir se hiciera realidad dos días después, no tenía sentido, pero sí reafirmaba lo que una vez aprendí: “las palabras crean”.


Y crean cualquier aspecto de la vida que manifestemos, sobretodo si este, está en sintonía con la realidad que creemos, si de verdad viene de eso genuino que implica escuchar nuestra interioridad, y lo genuino no necesariamente es lo bueno o malo, tiene que ver con nuestra vibra y energía.


En una clase de Yoga especial que me invitaron, estábamos haciendo una postura que hasta el momento no me había traído ningún tipo de complicaciones, de verdad no era tan compleja, pero en el momento que la hice se me acalambró el pecho a tal punto que se sentía como un infarto, me empecé a marear y a asustar porque dije “aquí fue”, el dolor aumentaba cada vez más y el profe se me acerca, y me dice que estire las manos hacia la pared y me concentrara en la respiración, eso hice y poco a poco se fue yendo el dolor.


Al final de la clase le pregunto, “¿por qué pasó eso?”, y me dice que es un calambre por falta de actividad física, pero que el era fiel creyente que eso tenía que ver más con el Ego y lo que creemos de nuestras posibilidades. Justo me recuerda que yo entré a la clase diciendo que era poco flexible, super principiante y que me costaba un poco, mi cuerpo agarró esa verdad y me la mostró en la clase como reminder de hasta donde creía que podía llegar.


Y otra vez, yo misma creé esa realidad, porque es lo que creo de mí. Entendí que tengo que rescatar mucho las palabras que me digo y digo, no para controlarlas sino para reflexionar sobre ellas para descubrir la vibra de mi vida. No va de hablar siempre en positivo, ¿se acuerdan de lo genuino?, viene de saber cuáles son las palabras que están ancladas a una herida que pide ser sanada, y cómo nos permitimos abrirnos a las posibilidades cuando decidimos conectar con nuestra vida, con lo que somos y todo lo que podemos ser a través de la escucha, el sentir y la reflexión.


Decir, “yo soy …. “, nos encierra a creer que solo podemos ser eso, pero a la vez, el decirlo nos ayuda a ver lo que conocemos de nosotros, empezar a cuestionarlo y entender de donde viene nos lleva a expandir nuestra Consciencia.


Con amor, desde mi Luna, PAOENLALUNA

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