Seamos nuestro propio altar

Actualizado: 16 abr 2020



“Soy mi propio altar”, me robo esa frase de la canción “Altar” de Gustavo Cerati porque quería traerla a colación en esta nueva reflexión y siento que todos deberíamos tatuárnosla en nuestra mente. 


Hoy en día estamos en una onda en la que todo nos invita a trabajar en el amor propio y existen demasiadas herramientas para hacerlo. Pero, ¿qué es amor propio para nosotros? Cada uno tendrá un percepción diferente de lo que significa esto y es muy fácil decir que cada quien sabe lo que realmente necesita, pero estoy segura que varios se han hecho la pregunta de: “¿cómo trabajo esto?”, como ha sido mi caso. Debo admitir que llegué a  pensar que con levantarme en la mañana y decir algo positivo era mi muestra de amor propio, pero con el tiempo me he dado cuenta que va más allá de eso. 


Sí, amor propio es cambiar nuestro discurso, no ser tan agresivos con nosotros, ser mas amables, llevar un estilo de vida sano, mimarnos, hacer ejercicio, hacer una actividad que nos guste, dedicar tiempo para estar solos… Pero también, amor propio es aprender a decir que “no” cuando tenemos que hacerlo. Por compromiso y respeto, podemos llegar a diluir nuestra esencia para no quedar mal con el otro o pueda pensar algo que no queremos que piense, entonces, podemos sumergirnos en una dinámica tóxica en la que accedemos a todo y que al final, nos termina enfermando, agotando y dejándonos con un humor nada agradable. Debo decir que si una situación o relación con alguien nos hace pensar de más, nos sentimos presionados, vivimos angustiados, sentimos que no estamos cómodos siendo nosotros y preocupados, es algo que definitivamente no vale la pena. Aunque nos duela decir que “no” o dejar a un lado la situación, más importante se encuentra nuestra salud mental. Como dicen por ahí… después de la tormenta, siempre llega la calma. Nosotros tenemos el poder de decidir cuándo le ponemos fin, seamos valientes por amor a nosotros mismos. 


Amor propio también es trabajar en nuestra oscuridad, aceptar cuando estemos pasando por una situación difícil y buscar entender nuestras emociones. Muchas veces queremos evadir para no sentir eso tan desagradable, evitamos quedarnos solos, buscamos estímulos externos esperando que, eventualmente, se vaya ese sentimiento o podemos caer en estados de comparación, creyendo que todo el mundo supera sus procesos rápido y uno sigue estancado en el mismo tema. La verdad es que los procesos de la mente para cada quien son algo diferente y lo mejor que podemos hacer en esos casos es afrontar la situación, ser pacientes e intentar entender lo que estamos viviendo. Esto lo recomendé en mi reflexión anterior y lo sigo haciendo: escribir todo eso que nos aqueja, lo que sentimos, para así entender nuestro discurso, ver cómo nos estamos hablando y observar la situación desde otra perspectiva. Creo que muchos habrán sentido que es más fácil aconsejar al otro que aplicar esos consejos a uno mismo y siento que escribiendo, podemos hacer esa tarea. Al ponerlo en el papel lo estamos colocando en el otro y estoy segura que obtendremos las respuestas, porque es más fácil verlo reflejado afuera que en nosotros mismos. Tenemos que aceptar el duelo y el proceso, evadirlo no va a ser que se vaya, sino más bien, que se siga acumulando y un día termine desbordándose de la forma menos agradable. Las respuestas están dentro de nosotros, tenemos que aprender a escucharnos, por más duro que suene… esa es la mayor muestra de amor propio que nos podemos dar. Y si sentimos que la situación nos abruma y toma por completo, no está demás buscar ayuda externa e ir a un psicólogo o terapeuta, sin pena, primero que nada está nuestra sanidad mental. 


Por eso decidí llamar a esta entrada como dice la canción de Cerati: “Soy mi propio altar”. Tratémonos como uno, indaguemos en nuestro mundo emocional (ahí también se encuentra nuestro potencial creativo), escuchemos nuestro discurso, para ser más amables con nosotros mismos; vamos a mimarnos, hacer una actividad que nos llene, darnos el espacio de estar solos y respetar el espacio con el otro, vamos a llevar un estilo sano y poner en actividad nuestro cuerpo, vamos a regalarnos un día de descanso, vamos a leer un libro, ver una película, escuchar música, disfrutar con la naturaleza, trabajar con amor, vamos a decir que “no” cuando debemos hacerlo y “sí” cuando de verdad lo sintamos, vamos a renunciar a eso que sabemos que no nos hace bien. Tratemonos como ese altar intocable que no le podemos hacer daño y que respetamos con su propia esencia. 


Sí, es un trabajo de vida, nosotros podemos llegar a ser nuestro primer limitante y nos colocamos las barreras. Lo que puedo recomendar es que seamos coherentes, que lo que sintamos sea lo mismo que pensamos, decimos y hacemos. Compenetremonos con nuestra esencia y veremos cómo nos iremos sintiendo más tranquilos y empezaremos a ser más amables con nosotros. El poder de entender esto hará que no busquemos exigir en los demás ese amor que no nos estamos dando, recuerden que el otro siempre va a ser el reflejo de nuestro mundo interno. 

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