La autocrítica: nuestro peor enemigo



Parte de conectar con nuestro interior, es escuchar el discurso que tenemos contra nosotros mismos. A veces, no caemos en cuenta lo autocríticos que podemos llegar a ser hasta que alguien más lo resalta. Solemos estar tan aferrados a esas creencias que la hacemos parte de nosotros y son las mismas que nos hemos impuesto durante toda nuestra vida a raíz de situaciones, generándonos inseguridades que muchas veces no concientizamos y se quedan ancladas en lo profundo de nuestra psique. Mientras más fuerte es la creencia, más difícil se hace reconocerla. 


Muchas situaciones y decisiones que tomamos en nuestra vida suelen sacar lo peor de nosotros, como una relación tóxica: pareja, amigos o familia; pero son las que nos muestran dónde se encuentra el trabajo. Lo primero es aceptar que nuestra psique eligió esa situación por una carencia, la percepción que tenemos del otro es el reflejo de nosotros mismos, ya que percibimos el mundo a través de nuestros ojos. Suelen ser situaciones que destruyen esa máscara que habíamos construido hasta el momento, transformándonos, pero varios patrones que surgen en esa dinámica se quedan, volviéndose parte de nosotros. Por ejemplo, yo viví una relación tóxica que destruyó mi autoestima casi del todo, la poca valoración que tenía de mí misma era para preocuparse, pero yo no la reconocía. Luego de salir de esa relación, me doy la oportunidad de salir con otras personas y cada elogio que me decían yo los rechazaba, “Eres demasiado bella” y mi respuesta automática era “claro que no lo soy, hay chicas mucho más lindas”, hasta que un día, el que es mi esposo ahora, me dijo: “nunca rechaces un halago que te hagan, tienes que aprender a aceptarlo”; y fue el insight del momento, ahí es cuando caí es cuenta y conversándolo con él, que yo misma era la que no se aceptaba y hasta que no lo hiciera, iba a generar en mi vida las mismas situaciones, hasta aprender la lección. 


A raíz de esa experiencia, intenté dejar de buscar llenar vacíos con lo externo y decidí enfrentarme a mí misma, tenía y, por supuesto, todavía tengo, creencias que son difíciles de quitar. Nunca es fácil enfrentarnos con lo más oscuro de nuestro ser y el demonio de la autocrítica es uno que se da su lugar, pero a medida que trabajamos en nosotros, nuestro mundo emocional y salud mental, podremos encontrar herramientas para reconocer estos discursos. En mi caso, mi mente cambia de un pensamiento a otro rápidamente, no suelo detenerme a reflexionar sobre esos pensamiento y los dejo pasar. Un día decidí escribir todo lo que pasaba por mi cabeza, sin filtro, ya fueran pensamientos horribles hacia los otros o en mi contra, para ver reflejado en el papel como era mi discurso interno. Empecé a descubrir que era muy agresiva conmigo, mi peor enemigo siempre había sido yo, saboteándome y haciéndome creer que nunca iba a poder ser suficiente en nada. Al verlo escrito en el papel, intenté trabajarlo más, arriesgarme más, darme oportunidades que siempre rechacé por no creerme capaz y aceptar que lo malo también forma parte de mí, somos luz y sombra, ambas coexisten en nosotros. Mientras más podamos ser conscientes de nuestro lado negativo, más lo podremos trabajar y no tomará el poder de forma inconsciente. 


La autocrítica se encuentra hasta en los pequeños detalles que creemos tontos, pero refuerzan a ese enemigo interno, resaltando  nuestras imperfecciones: una pepa, lunar, el cabello, la nariz, etc; que nadie más ha notado y se lo imponemos a la otra persona para que reafirme esa crítica, pero la respuesta suele ser lo opuesto, “si no me dices, no me doy cuenta”, “es súper normal eso”. Lo más hermoso que tenemos de ser humanos son nuestros matices, esas pequeñas imperfecciones que nos diferencian de los demás. La perfección es subjetiva y ese goal que queremos llegar para lograrla, nos está mostrando una carencia: “Quiero ser la persona más bella”, seremos las personas más bellas cuando así lo creamos y nos aceptemos. La clave está en preguntarnos ¿en qué queremos ser perfectos?, para así, reconocer lo que no nos estamos dando. Yo creo que conseguiremos “esa” perfección en la medida que acobijemos nuestras imperfecciones, las aceptemos como parte de nosotros, sin hacerlas nuestras enemigas, sino más bien, nuestras aliadas.   


Sé que parece muy fácil decirlo, pero es un trabajo que necesita de valentía, no es sencillo enfrentarnos con nuestros demonios, pero por amor a nosotros mismos tenemos que hacer el esfuerzo. Solemos ser nuestro primer enemigo, el otro es un reflejo de nuestro diálogo interno que nos coloca de frente eso que está ocurriendo en nuestro interior. En la medida que seamos amables con nosotros, atraeremos personas que también lo serán. No podemos buscar afuera algo que no existe en nosotros. Aceptémonos y reconciliémonos, vamos a darnos la oportunidad de escucharnos, entender cómo nos estamos hablando para descubrirnos y sanarnos. Nadie más podrá hacer el trabajo por nosotros, seamos valientes.

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