Hogar es donde está nuestro corazón

Actualizado: 16 abr 2020



Conversando con varias amistades que se han ido del país me he dado cuenta que dejamos unas preocupaciones para obtener otras, existen oportunidades de crecimiento tanto laboral como mental, pero lo que más cuesta es hacer hogar, “es que aquí la gente no es como uno”. Son diferentes culturas y formas de expresar afecto que “sentirse en casa” es algo que parece imposible. Creo que se asemeja a lo que pasa cuando decidimos dejar nuestro hogar natal para emprender la vida adulta, llegan esos momentos de crisis que lo único que queremos es no tener responsabilidades y volver a ser niños otra vez.


Una vez leí una frase, no recuerdo en dónde, que decía “hogar es donde está nuestro corazón”, y me pareció lo más certero. Al abandonar nuestro país estamos dejando toda esa carga emocional que se ha ido construyendo durante nuestra vida: la familia, los amigos, los lugares, las experiencias y momentos; esos factores que llenan nuestro corazón. Por eso, tal vez, se hace difícil la tarea de encontrarlo en lo desconocido, pero ahí es donde está el trabajo: nosotros somos nuestro primer hogar. Los factores externos son acompañantes que estimulan, pero quien tiene la tutela de crear es uno mismo. Al emprender el viaje del “Loco”, nos estamos yendo desnudos y expuestos, enteramente nosotros contra el mundo, por eso queremos volver al lugar seguro, ese que nos acobijó y regaló momentos felices.


Cuando desplazamos la zona segura nuestra mente se llena de vacíos, queremos retroceder porque antes nos sentíamos “medianamente” llenos, sin entender que el primer vacío es el que tenemos para con nosotros mismos, esa necesidad de llenar con lo externo algo que tiene que ser llenado por uno. El reto más difícil es enfrentarnos cara a cara, nos ponemos la barrera y nos anclamos a la nostalgia de lo vivido, sin absorber lo que estamos viviendo ahora. Solemos darnos cuenta que el momento ocurrido nos hizo feliz una vez que ya pasó, cuando ya no lo tenemos y la melancolía se apodera de nosotros. Con esto no digo que abandonemos nuestro pasado, él nos hizo ser quienes somos ahora, pero no convertirlo en nuestra zona confort para no lidiar con el presente. Mientras más trabajemos en la incomodidad de lo desconocido más cerca estaremos de estar bien con nosotros mismos, por más paradójico que suene. Es darnos la oportunidad de crecer.


En lo personal, lo maravilloso de la vida es esa capacidad que tenemos los seres humanos de morir y renacer, cómo cada nueva experiencia nos transforma, por más dura que sea, nos acerca más a nuestro camino. Y si en vez de buscar afuera o en el pasado, nos convertimos en nuestro propio hogar, el corazón estará donde quiera que estemos, nos acompañará en cada nueva aventura y lidiaremos mejor con los procesos y cambios.


Termino esta reflexión con un extracto lapidario de la novela En busca del tiempo perdido del escritor Marcel Proust : “Lo que constituye nuestra felicidad es la presencia en el corazón de una cosa inestable que nos arreglamos de modo que se mantenga perpetuamente, y que casi no notamos mientras no hay algo que la desplace”. El trabajo se encuentra en hacer consciencia de nuestros procesos, para así darles el verdadero significado y no reflejarlo en el futuro como una carencia, sino más bien, como una experiencia de crecimiento.

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