¿Es suerte o es sintonía?

Estos días tenemos un evento que no viviremos por al menos 12 años, que es el encuentro entre Júpiter (expansión, bendición) y el Sol (consciencia, esencia y claridad) en el Signo de Piscis (magia, emoción, intuición y creatividad).


Muchos astrólogos debaten que es el momento con más suerte del año, y debo confesar que siempre me he considerado una chica no tan afortunada, porque me he tenido que esforzar más por las cosas y porque también, tengo una tendencia a resaltar en mí las cosas que no salen tan bien.


Siempre he visto la suerte como algo externo, que le pertenece a algunos afortunados, y a medida que pasaba el tiempo veía como, literal, todo el mundo tenía más suerte que yo, sobretodo en lo aspecto donde sentía mayor carencia en mi vida. Por supuesto, siempre chocaba con mi otro polo, parafraseando a Jung: “sombra no trabajada se vuelve destino”, y por mecanismo de compensación ese opuesto con suerte siempre se ha hecho presente en mi vida.


Esto de sentirme poco afortunada se trasladó a mi discurso, y en aceptación -o resignación-, porque era más sencillo yo misma reírme de ello, mejor hacerlo yo a que alguien más lo usara en mi contra. Un día conozco a una persona, que se vuelve parte de mi vida, con Sol en conjunción a la Rueda de la Fortuna en Tauro, en resumen la rueda de la fortuna nos habla del punto donde las cosas fluyen en nuestra carta, por lo que a ella le había fluido todo en la vida (el Sol es su Signo y su esencia), tanto así que tiene un Ego bastante fortalecido y este mindset la ha llevado a que todo le fluya, o al menos ella lo percibe así -y se ve así-.


Cuando ella me escuchaba, me decía que yo misma me estaba cerrando los caminos y debo confesar que al inicio estaba en negación. Pasaban cosas como, por ejemplo, metíamos papeles sobre algo y este tramite conmigo se complicaba más y ahí decía “es que yo sé, conmigo todo es más difícil”, nuevamente resignada.


Pero, como cada persona que se presenta en nuestra vida nos viene en mostrar otro aspecto de nosotros que nos cuesta ver para integrarlo, y viceversa, me hizo ser mucho más autoconsciente del discurso que estaba teniendo y las verdades que me estaba contando que me retenían. Literal, llegó un punto que ni intentaba cosas porque no me creía merecedoras de ellas, sentía que conmigo no salían tan bien.


Esta idea se empezó a mover en mí, la magia de la reflexión y de cada vez más abrirnos a cuestionarnos todo, a aprender, desaprender y volver aprender; a iluminar a través de herramientas de autoconocimiento la capacidad de ser conscientes de nuestros procesos, de entender que nada me pasa, todo pasa y lo que elijo ser sobre eso que pasa es completamente mío.


Aunque esta idea de una chica no tan afortunada sigue estando presente, en estos momentos no me limita al punto de paralizarme, me atrevo, sobretodo en esa búsqueda de sintonizar con mi propio flow… no se trata de resaltar lo que no ha sido para mí, sino de sentir lo que sí es para mí, reconociendo esos espacio donde mi alma brinca.


Por eso, creo que la gran parte es mindset, y no es un mindset que niega lo que no sale bien, sino que lo acepta y lo vive desde el aprendizaje, para saber lo que no y darle fuerza a lo que sí, porque en la medida que sintonizamos con lo que se siente bien en nosotros, la vida cambia de colores a uno donde las cosas fluyen, donde no nos comparamos con los procesos del otro, sino que empezamos a vivir en nuestros procesos, tiempos, sentires, fracasos y progresos… porque esos matices, esos gradientes de la vida, son los que le terminan dando su propio color y de percibirla como realmente nuestra.


Así que, estos no son días de suerte, son días que nos invitan a sintonizar con nosotros, sintiéndonos de verdad para darnos cuenta desde qué lugar nos cerramos puertas y cuáles nos están gritando que entremos. Porque no hay certeza que nuestra alma no tenga, pero para percibirla hay que sentirnos con todo para saber discernir entre lo real nuestro, y lo irreal que pertenece a la percepción de un otro.


Una creencia que me ha salvado, es saber que las dificultades nos invitan a la reflexión, a mirar hacia dentro, a encarar esos aspectos de la vida que dejamos para después porque ahí ocurre la verdadera transformación… no desde el engaño y la evasión, sino procesos que necesitan vivirse para crecer, evolucionar y sintonizar con esos aspectos de nosotros y la vida que nos quedan por descubrir.


¡Qué sintonices con tu propia suerte!, esa que nace cuando te atreves a sentirte y a vivirte con todo, no como cosas buenas o malas que pasan, sino como cosas que son y le dan el guión y estética perfecta a tu propia película.


Con amor, desde mi Luna, @paoenlaluna

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